jueves, 19 de marzo de 2015

Triste realidad.



Llueve.
Un 19 de marzo, que más se puede esperar.
Me tomaría una taza de chocolate caliente, pero por desgracia no me gusta. También me gustaría estar contigo aunque sea a tu lado, pero nada, eso tampoco puede ser.
Mientras yo tenía ganas de arrancarte los besos de la boca, tú me arrancabas a mí en pedazos. Me has destrozado, y me has cambiado. Para mí, eso de confiar en alguien desapareció hace meses. Cuando se acabó el año, llegaron mis ganas de echarte de menos. De no tenerte, y de darme cuenta que nunca has estado. Al menos como yo pensaba.
Eras un tren, con una parada más bien larga. Pero era eso, sólo una parada. Otra de tantas por las que pasas. Y me duele cuando pienso que no te he importado. Duele cuando te das cuenta de que por la persona que tú hubieses hecho cualquier cosa, él no hubiese ido ni al girar de la esquina.
Y luego me hablan de la confianza y del amor como sí no viniese lo nuestro a cuento, y claro, a mí me da la risa. ¿Confianza? No sirve de nada. Y del amor ya ni hablo. Es el mal encarnado en sentimiento, o en persona.
No puedo ni oler tu colonia. Ni ver tu sonrisa. Total, seguro que no sonríes por mí, y si no es por mí no la quiero ni ver. Así que ahora siempre que te veo miro al suelo. Pero tranquilo amor, que no agacho cabeza, no me voy a hundir más de lo que estoy.
Es duro verte y no abrazarte como antes. Más duro es ver como abrazas a las demás. Y hablando de cosas duras, no pensemos mal, pero ese es mi corazón. Ahí no vuelve a entrar nadie nunca, ni con un martillo lo podrían atravesar.
Parece ser que de algo me has servido. Eres mi inspiración, mi motivo de escribir. Cada recuerdo contigo me da para una frase más, tal vez un párrafo, si el momento fue perfecto. Pero perfecto para mí, ya que para ti no signifiqué nada. Y eso es difícil de creer, porque en cada beso hacíamos magia. Criábamos mariposas que crecían en nuestros estómagos, hasta llenar la estancia de ellas volando alrededor nuestra.
¿Amigos? Lo nuestro no era normal. Yo a mis amigos no les como a besos. Qué feliz era a tu lado, en serio. No te lo imaginas. Ahora mismo, que vinieses y me gritases por el balcón que has venido a verme sería lo mejor que me podría haber pasado hoy. Y en esta semana. Y en meses. Pero los sueños, sueños son. Y ni vas a venir, ni te voy a comer, ni me vas a abrazar nunca como lo hacías antes. Es triste, pero es así. Menuda realidad de mierda, con lo bien que se vive soñando.
Sigue lloviendo.
Y parece que va a haber tormenta.
Sólo espero, no derrumbarme más y que pare de llover ya. Que pare de llorar algún día.

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