Llueve.
Un 19 de marzo, que más se puede esperar.
Me tomaría una taza de chocolate caliente, pero por
desgracia no me gusta. También me gustaría estar contigo aunque sea a tu lado,
pero nada, eso tampoco puede ser.
Mientras yo tenía ganas de arrancarte los besos de la boca,
tú me arrancabas a mí en pedazos. Me has destrozado, y me has cambiado. Para
mí, eso de confiar en alguien desapareció hace meses. Cuando se acabó el año,
llegaron mis ganas de echarte de menos. De no tenerte, y de darme cuenta que
nunca has estado. Al menos como yo pensaba.
Eras un tren, con una parada más bien larga. Pero era eso,
sólo una parada. Otra de tantas por las que pasas. Y me duele cuando pienso que
no te he importado. Duele cuando te das cuenta de que por la persona que tú
hubieses hecho cualquier cosa, él no hubiese ido ni al girar de la esquina.
Y luego me hablan de la confianza y del amor como sí no
viniese lo nuestro a cuento, y claro, a mí me da la risa. ¿Confianza? No sirve
de nada. Y del amor ya ni hablo. Es el mal encarnado en sentimiento, o en
persona.
No puedo ni oler tu colonia. Ni ver tu sonrisa. Total,
seguro que no sonríes por mí, y si no es por mí no la quiero ni ver. Así que
ahora siempre que te veo miro al suelo. Pero tranquilo amor, que no agacho
cabeza, no me voy a hundir más de lo que estoy.
Es duro verte y no abrazarte como antes. Más duro es ver
como abrazas a las demás. Y hablando de cosas duras, no pensemos mal, pero ese
es mi corazón. Ahí no vuelve a entrar nadie nunca, ni con un martillo lo
podrían atravesar.
Parece ser que de algo me has servido. Eres mi inspiración,
mi motivo de escribir. Cada recuerdo contigo me da para una frase más, tal vez
un párrafo, si el momento fue perfecto. Pero perfecto para mí, ya que para ti no
signifiqué nada. Y eso es difícil de creer, porque en cada beso hacíamos magia.
Criábamos mariposas que crecían en nuestros estómagos, hasta llenar la estancia
de ellas volando alrededor nuestra.
¿Amigos? Lo nuestro no era normal. Yo a mis amigos no les
como a besos. Qué feliz era a tu lado, en serio. No te lo imaginas. Ahora
mismo, que vinieses y me gritases por el balcón que has venido a verme sería lo
mejor que me podría haber pasado hoy. Y en esta semana. Y en meses. Pero los
sueños, sueños son. Y ni vas a venir, ni te voy a comer, ni me vas a abrazar
nunca como lo hacías antes. Es triste, pero es así. Menuda realidad de mierda,
con lo bien que se vive soñando.
Sigue lloviendo.
Y parece que va a haber tormenta.
Sólo espero, no derrumbarme más y que pare de llover ya. Que
pare de llorar algún día.
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